En lo más alto de Altos del Arroyo, una de las zonas más exclusivas de Santo Domingo, se encontraba la lujosa residencia de Rubby Pérez.
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La propiedad, valorada en 3.5 millones de dólares, era un símbolo del éxito alcanzado por el legendario intérprete de merengue, quien durante décadas conquistó al público con su inconfundible voz y carisma.
La mansión, de estilo mediterráneo y con más de 2,500 metros cuadrados de construcción, había sido adquirida en 2010 y remodelada a gusto del artista.
Con amplios espacios, jardines perfectamente cuidados y una arquitectura elegante, la casa ofrecía comodidad y lujo en cada rincón.
Contaba con cinco habitaciones, y una suite principal equipada con un gran vestidor que albergaba su valiosa colección de trajes de presentación.
Entre los rincones favoritos de Rubby estaba su terraza privada, donde solía comenzar el día con una taza de café mientras leía o revisaba partituras.
La propiedad también destacaba por una piscina con vista infinita y un jardín zen, inspirado en sus viajes a Japón.
Su gusto por los autos de lujo quedaba en evidencia en su colección personal, que incluía modelos como Mercedes-Benz, Porsche y un Mustang clásico restaurado que perteneció a su padre.
A pesar del lujo que lo rodeaba, Rubby Pérez era conocido por su humildad. Disfrutaba tanto de una cena en un restaurante exclusivo de Nueva York como de un plato típico dominicano en un puesto callejero.
Esa sencillez lo hizo aún más querido por el público, que valoraba su autenticidad más allá del escenario.
Al momento de su fallecimiento, su patrimonio superaba los 25 millones de dólares, incluyendo inversiones en zonas turísticas como Punta Cana y Samaná.
Además, poseía una valiosa colección de arte caribeño y dominicano estimada en 1.2 millones de dólares. Siempre comprometido con su país, destinaba el 15% de sus ingresos anuales a causas benéficas, especialmente enfocadas en la educación y formación musical de niños de escasos recursos.
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